El empleo, diseñado para un país que ya no existe

La edad media en España ronda ya los 45 años. El dato podría parecer una simple curiosidad demográfica, pero no lo es. Es una señal de fondo. Nos está diciendo que el país ha cambiado más rápido que muchas de sus instituciones, empresas y formas de organizar el trabajo.

Durante décadas, nuestro mercado laboral se ha construido sobre una premisa implícita: habría suficientes generaciones jóvenes entrando en el sistema para sostener el crecimiento, renovar plantillas, financiar el bienestar y reemplazar a quienes salían. Esa lógica está dejando de funcionar. Vivimos más años, nacen menos personas y la población activa ya no puede entenderse como una reserva inagotable de talento joven.

El problema es que seguimos actuando como si esa abundancia siguiera existiendo.